El panot de Barcelona

El panot de Barcelona: la flor que millones de personas pisan cada día

Barcelona tiene la Sagrada Família, el mar, las esquinas del Eixample… y una pequeña flor de cemento que aparece miles de veces bajo nuestros pies.

Tres panots artísticos de la flor de Barcelona en amarillo, naranja y rosa con las letras BCN

Hay símbolos de Barcelona que obligan a levantar la cabeza. Las torres de la Sagrada Família, las fachadas modernistas, Montjuïc, el Tibidabo.

Y hay otro para el que hay que hacer exactamente lo contrario: mirar al suelo.

Una pequeña baldosa cuadrada con una flor de cuatro pétalos se repite por las aceras de Barcelona hasta convertirse casi en parte del paisaje. Se llama panot y, aunque nació como una solución práctica para pavimentar la ciudad, terminó consiguiendo algo bastante más difícil: convertirse en un símbolo.

Quien ha vivido en Barcelona probablemente lo ha pisado miles de veces sin prestarle demasiada atención.

En nuestra familia ocurre justo lo contrario.

Nahuel y Alma Mía vivieron unos años en Barcelona y los panots siempre les han encantado. Para ellos esa flor en el suelo no es urbanismo ni historia del diseño. Es simplemente «Barcelona».

Nahuel y Alma Mía jugando en un parque de Barcelona, con el frente marítimo de la ciudad al fondo
Nahuel y Alma Mía en Barcelona: la ciudad donde empezaron a fijarse en el suelo.

LEVART nació precisamente de esa forma de mirar los lugares. Conoce nuestra historia

Quizá ahí esté precisamente la gracia de estas pequeñas cosas: no necesitan ser monumentales para conseguir que recordemos un lugar.

Antes de la flor había barro

Para entender el panot hay que imaginar el Barcelona del crecimiento del Eixample.

Las nuevas manzanas diseñadas alrededor del plan de Ildefons Cerdà estaban transformando la ciudad, pero tener edificios nuevos no significaba automáticamente tener unas aceras estupendas.

Durante aquella expansión, el estado del pavimento era un problema muy real. Barcelona necesitaba una solución económica, resistente, relativamente sencilla de fabricar y fácil de reemplazar cuando había que abrir una acera.

El panot encajaba perfectamente.

Estas piezas de cemento, arena y agua podían producirse en serie y colocarse formando grandes superficies. Su tamaño clásico, 20 por 20 centímetros, también facilitaba retirar únicamente las piezas necesarias cuando había que realizar trabajos bajo la acera.

No era glamour.

Era pura funcionalidad urbana.

Y precisamente de esa solución práctica acabaría naciendo uno de los iconos gráficos más reconocibles de Barcelona.

Cinco dibujos para una nueva ciudad

A principios del siglo XX existían multitud de modelos diferentes.

Barcelona decidió reducir aquella variedad y estandarizar el pavimento.

Entre los diseños clásicos que sobrevivieron encontramos la flor, cuatro círculos, formas concéntricas y otros motivos geométricos.

En 1916 la empresa Escofet ganó un concurso municipal para suministrar panots destinados a las aceras de la ciudad.

Y poco a poco ocurrió algo curioso.

De todos aquellos dibujos, uno empezó a ganar una fama especial.

La flor.

Cuatro pétalos sencillos dentro de un cuadrado.

Nada particularmente espectacular.

Pero repetida una vez, otra, cien, mil y millones de veces, la flor acabó formando parte de la identidad visual de Barcelona.

¿Lo diseñó Puig i Cadafalch?

Aquí aparece una de esas historias que internet repite tantas veces que termina pareciendo indiscutible.

Es frecuente leer que el arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch diseñó el famoso panot flor.

La asociación tiene una explicación. En la Casa Amatller existen pavimentos con motivos florales que recuerdan al diseño y Puig i Cadafalch forma parte indiscutible de la historia arquitectónica de la ciudad.

Pero la atribución directa del panot municipal de la flor al arquitecto no está documentalmente tan clara como suele afirmarse.

Por eso es más correcto hablar de una relación visual e histórica con aquella Barcelona modernista que presentar a Puig i Cadafalch como autor confirmado del panot que hoy vemos por las calles.

A veces una pequeña duda histórica resulta más interesante que una leyenda perfectamente cerrada.

De baldosa barata a souvenir

El verdadero éxito del panot puede medirse de una manera bastante poco científica: entrando en una tienda de recuerdos.

La flor ha saltado de la acera a camisetas, bolsos, pendientes, imanes, posavasos y todo tipo de objetos.

Una pieza concebida para ser pisada terminó siendo fotografiada.

Es difícil imaginar una promoción profesional mejor para una baldosa.

El propio Ayuntamiento de Barcelona habla del panot como un pavimento icónico que identifica y representa la ciudad.

Y la historia continúa.

Barcelona lleva años trabajando en el llamado «panot del siglo XXI», buscando mantener su identidad visual y al mismo tiempo fabricar pavimentos más sostenibles, reciclables y adaptados a las nuevas necesidades urbanas.

La ciudad cambia.

Incluso sus baldosas cambian.

Pero la flor sigue ahí.

Una ciudad también se recuerda por lo pequeño

Quizá nadie viaje a Barcelona únicamente para ver un panot.

Pero muchísima gente regresa a casa habiéndolo fotografiado.

Eso dice bastante sobre la forma en que construimos nuestros recuerdos de una ciudad.

No recordamos únicamente monumentos.

Recordamos un olor, un banco, una señal, una esquina, el ruido de una persiana al subir por la mañana.

O una flor de cemento que nuestros hijos buscaban por las aceras.

Para Nahuel y Alma Mía el panot forma parte de sus años en Barcelona.

Para millones de personas será simplemente algo que han pisado.

Y para Barcelona terminó convirtiéndose en uno de esos símbolos que no necesitan un pedestal.

Solo necesitan una acera.

Una piedra que no viaja

En LEVART hacemos viajar piedras para que cada lugar por el que pasan añada un capítulo a su historia.

El panot hace prácticamente lo contrario.

Permanece quieto.

Somos nosotros quienes viajamos sobre él.

Y quizá por eso nos gusta tanto empezar esta colección precisamente aquí.

Porque algunas piedras necesitan recorrer el mundo para acumular historias.

A otras les basta con quedarse en el mismo sitio y esperar a que el mundo pase por encima.

Fuentes oficiales

¿Seguimos mirando al suelo?

En LEVART una piedra corriente recibe un nombre, una misión y un código QR. Después empieza a viajar de mano en mano.

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